La Hispanidad tergiversada

Como cada 12 de octubre, mientras los autoproclamados Amigos del Género Humano abominan de la Hispanidad y de nuestro pasado colonizador, yo celebro la efemérides por partida doble: como orgulloso compatriota de colonizadores y como afortunado descendiente de colonizados. Lo primero, por motivos obvios: la colonización española sacó de la prehistoria a los pueblos precolombinos y los colocó en la modernidad, además de ser origen del Derecho de Gentes y semilla del vigente Derecho Internacional. Lo segundo, porque, sin la colonización romana, de la que soy heredero lejano, la población europea seguiría sumida en la barbarie, y el resto del mundo occidental en la Edad de la Piedra. Sí, ya sé, esto son trazos de brocha gorda, pero lo que cuenta es la verdad de fondo: o eres salvaje, o estás civilizado. Yo me inclino por lo segundo, y lo de menos es que los romanos se hayan llevado el oro de Las Médulas o la plata de Cartagena: un precio de ganga por una civilización.

El mito del genocidio amerindio es un eco reciente de la Leyenda Negra, y ambos son falsos. La colonización española se caracterizó por la aculturación y el mestizaje, por la transferencia de las instituciones de la metrópoli a las colonias, por la hispanización de los nuevos territorios. Eso no va a cambiar porque Nicolás Maduro proclame –y los podemitas españoles repitan- que, medio siglo después de la llegada de Colón a América, los españoles habían exterminado entre 70 y 90 millones de nativos. Prestigiosos hispanistas como Magnus Mörner o Peter Boyd-Bowman han estimado que la cifra total de españoles que habían emigrado a América hacia 1550 no pasaba de 60.000 individuos (cada uno de los cuales habría matado, según las cuentas de Maduro, ¡a unos 1.500 indios!). La realidad es que, tal como muestran los cálculos de Ángel Rosenblat, la población indígena del Nuevo Mundo ascendía a unos 13 millones personas en 1492. Como explica Jesús Ángel Rojo, autor del libro "Los invencibles de América", no hay ningún dato que permita hablar de genocidio: "lo que hubo fue un choque microbiano entre europeos y americanos que produjo una mortandad, pero por las armas españolas no murió ni el 1%", afirma.

Creo que la moda de rechazar la Hispanidad tiene que ver, más que con la colonización histórica en sí, con el repudio de la civilización occidental. Los reinventores actuales de esa Leyenda Negra, tanto en Europa como en Latinoamérica, tienen una genealogía común: el marxismo, el legado de Gramsci y la Escuela de Frankfurt, los populismos... En definitiva, la denigración de la Hispanidad tiene más que ver con nuestro Caballo de Troya antisistema que con un verdadero interés por la Historia.

Por si fuera poco, los detractores de la colonización no tienen el menor reparo en utilizar el medio de desacreditación histórica más fraudulento: juzgar los acontecimientos del pasado con los valores del presente. El Papa Francisco, por ejemplo, se apresura a pedir perdón por la evangelización de América, olvidando que, para el sistema de valores vigente en el siglo XVI, la razón más importante, la obligación moral de la colonización era salvar almas para el Cielo. Y no hay constancia de que esa labor de evangelización se acompañase de violencias comparables a las feroces guerras de religión que por entonces libraban entre sí los europeos.

Pero mi elogio de la colonización no acaba en América. Puestos a ser herejes, digámoslo todo. Creo que África estaría hoy mucho mejor de lo que está si los móviles económicos se hubieran acompañado de un mayor empeño colonizador y, sobre todo, si no se hubiera descolonizado tan precipitadamente. Creo que los pueblos africanos serían hoy más prósperos si hubieran sido colonizados más a fondo, si en esos países hubieran arraigado sólidamente las instituciones, el modelo económico, las estructuras productivas y los valores culturales de las potencias coloniales, como ocurrió en Hispanoamérica. Y creo que los africanos comparten esta opinión: a diferencia de Nicolás Maduro, o antes Fidel Castro, que condenan genocidios imaginarios perpetrados sobre culturas idealizadas, ningún africano moderno parece abominar de su herencia colonial, quizás porque tienen demasiado cercanas las duras condiciones de vida forestal de sus abuelos o bisabuelos biológicos.

Por último, también creo en las bondades de la colonización aplicada al presente. No entiendo qué ventajas tiene la permanencia de determinadas comunidades indígenas en su atraso milenario, ni por qué la Declaración Universal de los Derechos Humanos -cuyo artículo 26 establece que "la instrucción elemental será obligatoria"- no es aplicable a ellas. Los mismos progres que reivindican el derecho de los “refugiados” a invadir los países más avanzados y disfrutar de sus niveles de tecnología y bienestar, reclaman para los yanomamis o los awá amazónicos el derecho a seguir anclados en el Paleolítico Inferior. Personalmente, prefiero que esos aborígenes sean convenientemente colonizados y que dejen de ser salvajes con taparrabos para convertirse en ciudadanos. Que sus hijos se vacunen y vayan a la escuela. Que esas comunidades precolombinas dejen de ser un parque temático que sólo parece beneficiar a las oenegés que lo explotan. A fin de cuentas, ni ellas ni sus generaciones futuras tienen por qué pagar el precio de nuestro falso altruismo y nuestra frivolidad multicultural.

Saludos fraternales en el idioma común, y hasta el año que viene por estas fechas, que será cuando el Caballo de Troya vuelva a soltar sus tradicionales coces.

Textos y comentarios

Testamento de Isabel la Católica

"Ytem. Por quanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue ... instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida ... por ende suplico al Rey, mi Señor, mui afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concessión nos es inyungido e mandado. ("Testamento de Isabel la Católica, 1504)

Comentario del historiador Luis Suárez Fernández:

"Las expresiones son suficientemente claras: al referirse a los indios con las mismas palabras que se dirigían a los habitantes de Castilla, «vecinos y moradores» se estaba reconociendo la legitimidad de las comunidades locales que ya tenían establecidas. La garantía en persona y bienes apuntaba a los dos derechos naturales básicos de libertad y propiedad según el sentir de los teólogos de la época." (Análisis del Testamento de Isabel la Católica)

Leyes de Burgos (1512)

"Item ordenamos y mandamos que los niños e niñas indios menores de quatorce años no sean obligados a servir en cosas de trabajo hasta que hayan la dicha edad y de ahí arriba pero qe sean compelidos a hacer y servir en cosas que los niños pueden comportar bien ... sin quebrantamiento de sus personas con tanto que les den de comer y les paguen sus jornales conforme a la tasa que los dichos nuestros jueces determinaren que deben haber y con que no los impidan a las horas que hubieren de aprender la dotrina cristiana y si alguno de los dichos muchachos quisiere aprender oficio lo pueda libremente hacer y estos no sean compelidos a hacer ni trabajar en otra cosa estando en el dicho oficio." (Ordenanzas reales para el buen regimiento y tratamiento de los indios)

Españoles emigrantes a América, 1493-1560

colonizadores
Entre 1493 y 1560 emigraron a América 55.574 españoles  (Peter Boyd-Bowman: Patterns of Spanish Emigration to the New World (1493-1580): tabla de la página 67)