Igualitarismo e igualismo

Igualitarismo es, según el DRAE, la “tendencia política que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias sociales”. Definido así, el igualitarismo trataría de anular las desigualdades causadas por las distintas circunstancias que rodean a las personas. Lo cual, en principio, parece un designio muy razonable. Por ejemplo, la atenuación de las diferencias sociales que menoscaban la igualdad de oportunidades. Una beca de estudios sería un instrumento igualitario para nivelar las oportunidades de un buen alumno pobre respecto de sus compañeros más ricos.

Sin embargo, a pesar del ejercicio de buenas intenciones del párrafo anterior, la connotación predominante del término “igualitarismo” es peyorativa, por lo que tal vez la definición del DRAE no refleje con suficiente fidelidad el significado cotidiano y real de la palabra.

Ejemplos de igualitarismo en su acepción negativa serían la bajada del listón de exigencia en los niveles educativos básico y medio para que todos puedan tener igualdad de acceso a la enseñanza superior. O la bajada del listón en las pruebas físicas para que las mujeres puedan acceder en igualdad de condiciones que los hombres al cuerpo de bomberos.

Bajo este segundo enfoque, el igualitarismo sería más bien igualación por abajo, equiparación ficticia lograda a base de reducir el nivel de exigencia. En el primer ejemplo citado, el sistema educativo estaría supeditando al ideal igualitario su función de desarrollar lo más posible las potencialidades de cada individuo. En el segundo caso, se sacrificaría la eficacia de las tareas de salvamento a esa igualdad amañada de oportunidades para hombres y mujeres.

Con frecuencia, el igualitarismo se radicaliza y pasa de igualar artificialmente lo desigual a imponer la idea de que dos cosas obviamente desiguales son, quiérase o no, iguales. Si se nos permite el neologismo, denominaremos esa postura más radical con el término igualismo, consistente en considerar sustancialmente iguales determinadas cualidades que son objetivamente distintas, a fin de que la realidad se ajuste a la teoría preestablecida. Mientras que el igualitarismo pertenece aún a la categoría de lo político y contingente, el igualismo se halla ya en la cota de lo ontológico e inmanente. El ideal de igualdad pasa de ser circunstancial a ser consustancial.

Casi con toda seguridad, los ejemplos de igualismo más notorios hay que buscarlos en los desarrollos y ramificaciones de la teoría de género, según la cual hombres y mujeres somos sustancialmente iguales, de modo que nuestros distintos intereses, aptitudes o comportamientos no guardan ninguna relación con nuestras radicales diferencias biológicas, sino que son construcciones sociales y culturales perfectamente reversibles e intercambiables. Según esa teoría, hasta nuestra orientación sexual es una construcción social, y el hecho de que hombres y mujeres experimenten atracción física por el sexo opuesto es simple resultado del entorno cultural y educativo que nos rodea (el denominado “patriarcado”).

Una vez aceptada esa teoría, es obligado también aceptar que hombres y mujeres tienen (o debieran tener) iguales pulsiones sexuales indiferenciadas, igual interés por la moda o el fútbol, igual predilección por faldas y tacones o por coches y motos, e igual aptitud para la abnegación de la enfermería o la temeridad de los andamios. Salvo un pequeño inconveniente anatómico que la ciencia puede arreglar, los hombres estarían igualmente dotados para la función femenina más específica: la maternidad. Y las mujeres serían tan competentes como los hombres en el desempeño de la función masculina por antonomasia: lo que en términos evolutivos llamaríamos "defensa del territorio y los recursos del grupo" y en términos históricos llamamos "guerra".  

Por más que busquemos antecedentes históricos o elementos de comparación en nuestro entorno sociológico, difícilmente podremos encontrar un planteamiento que haya llegado tan lejos como la teoría de género en la negación de la realidad natural y objetiva para adaptarla a los moldes de la teoría artificial y subjetiva. A pesar de ello, la teoría de género no es el soporte ideológico de una secta marginal y minoritaria, sino un modelo conceptual plenamente integrado en las politicas de los Estados, desarrollado al máximo nivel en las cátedras universitarias y proclamado como dogma infalible por los medios de comunicación. A través de la teoría de género, el igualismo goza de arraigo generalizado en nuestra sociedad.

Curiosamente, los paladines de esta cruzada de género que postula la anulación de las diferencias biológicas (o sea, de la biodiversidad) en la especie humana y su ecosistema son los mismos que suelen defender con más ahínco la preservación de la biodiversidad en las demás especies y en los restantes ecosistemas. Se supone que la naturaleza desarrolló machos y hembras en todas las especies del reino animal para que se atrajeran entre sí y se reprodujeran, y que les confirió las características respectivas que mejor aseguraban la supervivencia de la especie. En cambio, según la teoría de género, ese atractivo entre machos y hembras es, en el caso de la especie humana, mero resultado de la educación patriarcal.

Dicho de otro modo: si el lesbianismo (en el que hunde sus raíces la teoría de género) no coincide con la realidad heterosexual mayoritaria, la culpa es del patriarcado y su construcción de una sociedad basada en la complementariedad de los dos sexos, que es preciso descontruir hasta suprimir esa heterosexualidad primordial y sus roles concomitantes y recuperar la supuesta "igualdad" original.

A veces no es fácil decir donde está la frontera entre igualitarismo e igualismo, y quizás haya un amplio espacio de transición entre ambos conceptos. Lo que parece claro es que la “tendencia política que propugna la desaparición o atenuación de las diferencias sociales” definida por el DRAE es conceptualmente muy distinta de la teoría de género que considera anecdóticas las diferencias sexuales entre hombres y mujeres.

Durante medio siglo, el igualismo ha ido abriéndose paso en la conciencia mundial y hace mucho tiempo que se acepta como un automatismo más de los muchos que genera la sociedad de la informacion. Más abajo se incluyen algunas noticias que pueden considerarse avances, no sólo hacia el logro del ideal igualitario, sino también hacia la consumación de la utopía igualista. Tardaremos cientos o miles de años, pero con perserverancia, tal vez logremos que la realidad, por fin, se ajuste a la teoría de la total igualdad. ¿Será mejor el mundo cuando hayamos conseguido contrariar y someter a la naturaleza hasta el punto de borrar efectivamente las desigualdades entre los individuos y las diferencias entre los sexos y hacer que unos y otros sean intercambiables?

Muestrario igualista

Un grupo de brasileñas dejó este sábado en casa la parte de arriba de sus biquinis y ocupó las playas de Río de Janeiro para exigir la legalización del topless, una iniciativa que ha generado un intenso debate sobre unas leyes que consideran esa práctica un "atentado al pudor".

Aun cuando eran pocas las mujeres sin sujetador, su protesta en la famosa playa de Ipanema fue respaldada por cientos de personas de ambos sexos que aplaudieron la iniciativa y se sumaron a ella para exigir "igualdad de derechos". Hubo hombres que, para manifestar su apoyo, optaron por ponerse los sujetadores de sus mujeres.

La distancia entre hombres y mujeres respecto al uso de Internet se ha reducido, pero el acceso a la Red a través del móvil sigue siendo mayoritariamente masculino y supone la mayor brecha digital de género. En los usos más sencillos y populares existe una menor diferencia, pero esta se amplía a medida que las tareas implican un mayor grado de habilidad técnica.

A juicio de la directora general de Igualdad de Oportunidades y del Instituto de la Mujer, Carmen Plaza, "los roles y los estereotipos sociales de género siguen condicionando las vocaciones tecnológicas de las mujeres y su participación en estudios tecnológicos".

En Suecia, para evitar la "discriminación de género" la empresa Top Toy -donde se integra la franquicia Toys’r’us- se ha visto obligada a editar un catálogo unisex que muestra a los niños jugando con muñecas y a las niñas disparando con pistolas.

No en vano, tras la publicación de un catálogo anterior que escenificaba a niños vestidos de superhéroes y niñas disfrazadas de princesas la cadena juguetera recibió una sonora reprimenda por parte del responsable de igualdad del país escandinavo, que acusó a Top Toy de fomentar la discriminación.

Los pequeños alumnos de la guardería sueca Egalia no se consideran a sí mismos niños o niñas, sino que para ellos todo es neutro. La causa está en el insólito método pedagógico que siguen sus profesores, al eliminar por completo el uso de palabras como él y ella. En su lugar utilizan el pronombre finlandés hen, que, al ser neutro, sirve para referirse tanto a un hombre como a una mujer.

Según la directora del centro, esto ayudará a los niños a sentirse más libres a la hora de elegir su propia orientación sexual. "Es importante que sepan que todos somos seres humanos y que somos libres de ser como queramos ser. Tienen que entender desde pequeños que ser gay o lesbiana es algo normal y que no hay nada extraño en ello".

El secretario de Defensa, Leon Panetta, ha puesto fin a la prohibición militar que impedía a las mujeres entrar en combate en los frentes de batalla, según fuentes de ese departamento. La decisión del jefe del Pentágono abre la puerta a las mujeres que sirven en el Ejército de Estados Unidos a miles de posiciones en el frente y a comandos de operaciones especiales, donde ahora estaban vetadas a pesar de que el país lleva involucrado en guerras más de una década.

El Ejército de Tierra y el Cuerpo de Marines tendrán que revisar sus requerimientos físicos y proveer alojamiento apropiado para unidades de combate que ahora serán mixtas

Las palabras padre y madre han dejado de existir en los libros electrónicos de los colegios en Lituania. Se han sustituido por «progenitor I» o «progenitor II». La iniciativa parte del Ayuntamiento de la capital, Vilna.

La idea surgió por primera vez en 2010, cuando la Unión Europea recomendó a los estados miembros de la UE excluir las palabras «madre» y «padre» de los documentos oficiales para evitar sexismo.

Las mujeres deberán representar, en 2020, al menos el 40% de los puestos directivos en las empresas que cotizan en las bolsas europeas. El plazo para cumplir estos porcentajes en las empresas públicas será más corto, en 2018. El Parlamento Europeo ha aprobado la propuesta que la Comisión presentó hace un año para alcanzar una mayor igualdad entre hombres y mujeres en los Consejos de Administración.

Según la ponente de la comisión de Derechos de la Mujer, la griega del Partido Popular Europeo, Rodi Kratsa-Tsagaroupoulou, el equilibrio de género en los Consejos de Administración fomenta “la competitividad y respeta los principios de igualdad en la UE”.

El Instituto de la Mujer considera "discriminatorias y desproporcionadas" las pruebas de acceso para bomberas y ha enviado una carta al alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, en la que le pide que cambie los requisitos de selección.

"El establecimiento de requisitos físicos para cada sexo en las pruebas selectivas para determinados cuerpos, como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, las Fuerzas Armadas o los bomberos y bomberas debe ser diferente dadas las diferencias biológicas entre hombres y mujeres" dice la misiva enviada por el Instituto de la Mujer.

Añadiduras

Neolengua oficial

La Junta de Andalucía no ceja en su obsesión por implantar la políticamente correcta y linguísticamente ineficaz jerigonza de género y génera. «¿De verdad cuesta tanto decir 'los niños y las niñas'?», se pregunta asombrada la consejera de Educación. Pues claro que cuesta; el doble, exactamente. Por eso los hablantes (y, si usted se empeña, las hablantas) optaron hace siglos por el masculino genérico, anticipándose a una neolengua oficial andaluza que, de prosperar, los obligaría a expresarse así: "Los millonarios y las millonarias suelen buscar buenos profesores y buenas profesoras para sus hijos e hijas. Los jueces y las juezas toman declaración a los testigos y las testigas. Los políticos y las políticas piden el voto a sus electores y electoras." Fatigoso, ¿verdad?
Lejos de ser una "construcción patriarcal", la lengua se hizo sola, evitando desdoblamientos innecesarios en expresiones tanto de género gramatical masculino ("los ciudadanos") como femenino ("las personas"). Por esa razón, cuando decimos "los pájaros cantan" o "vino la cigüeña", las pájaras y los cigueños no deben considerarse excluidos. Como tampoco ciertas consejeras andaluzas deben sentirse excluidas de la expresión "los ignorantes", aunque no se mencione expresamente a "las ignorantas".

Oferta y demanda

Parece lógico que un futbolista que atrae 100.000 personas al estadio esté mejor pagado que otro que sólo alcanza la mitad de esa cifra. Lo mismo debería valer para cualquier otro espectáculo. Por ejemplo, no sería justo que Beyoncé tuviera que repartir las ganancias a partes iguales con sus teloneros. Algo así debió pensar Raymond Moore, director del torneo de Indian Wells, cuando afirmó que los campeones de tenis deberían ganar más que las campeonas porque atraen un número de espectadores mucho mayor. Raymond Moore se limitó a aplicar el concepto básico de oferta y demanda que rige la economía. Naturalmente, como suele ocurrir en estos casos de abuso de claridad conceptual y reincidencia en el puro sentido común en detrimento del dogma igualista, el señor Moore se ha visto obligado a dimitir con todos los deshonores, o sea, bajo la acusación universal de machismo.