La brecha más antigua del mundo

En el Ministerio de Educación han saltado las alarmas. Un reciente informe de la OCDE titulado “El ABC de la igualdad de género en educación” confirma la vieja leyenda urbana de que las chicas son más “de letras” y menos “de ciencias” que los chicos. "La brecha de género crece entre los estudiantes españoles", titula la prensa. Suficiente para que nuestras autoridades corran a las tribunas y nos arenguen por enésima vez con el discurso más ovacionado de todos los tiempos, a saber, el de la igualdad “de género”, que es también el paradigma de todos los voluntarismos: la mayoría de la sociedad parece convencida de que basta con desear intensamente la supresión de cualquier diferencia entre hombres y mujeres para que esa diferencia desaparezca.

Vaya por delante que yo fui chico “de letras” y que, desde muy temprana edad, di claros indicios de mi cerrazón para las matemáticas. Lo cual no me ha traumatizado ni ha mermado mi autoestima y, mucho menos, me ha hecho pensar en la urgencia de colmar la brecha no-de-género existente entre los chicos varones “de letras” y los chicos varones “de ciencias”. A diferencia de nuestro Ministerio de Educación y de la OCDE, no soy igualitario, y mucho menos, igualista.

Al contrario, pienso que la función del sistema educativo no es colmar tales brechas, sino desarrollar al máximo las potencialidades de cada individuo. Como esas potencialidades son muy diferentes entre unos y otros, los gráficos resultantes serán muy desiguales y tendrán muchas brechas. Lo cual me parece estupendo.

En cuanto a las denostadas diferencias “de género”, mi tesis es muy básica y supongo que se estudia en la ESO, por lo que me da un poco de apuro tener que explicársela nada menos que al Ministerio de Educación y a la OCDE. Allá va. Los hombres y las mujeres, al igual que los machos y las hembras de las demás especies, somos resultado de una evolución que ha durado millones de años y nos ha hecho diferentes. La evolución nos ha especializado en las funciones más útiles para la supervivencia y la mejora de la especie, y eso hace que seamos distintos. Tal vez no mucho, pero lo suficiente para que no seamos exactamente iguales. Por ejemplo, es posible que haya mujeres más corpulentas que algunos hombres, pero, como promedio, la masa corporal de las mujeres equivale al 75% de la masa corporal de los hombres. Y, sin duda, abundan las mujeres más capacitadas para las matemáticas o más interesadas por ellas que muchos hombres, pero, como promedio, los hombres rinden un poco mejor en ese terreno. Más aún, en la punta de la pirámide cognitiva hay un predominio de varones geniales, pero también es mayor la presencia de varones que rozan la imbecilidad en la base de esa pirámide, y así ha sido durante milenios. La brecha "de género" es la brecha más antigua del mundo.

El dogma igualitario no tolera algo tan inevitable y natural. Los expertos de la OCDE se han apresurado a aclarar que "no se trata de un problema innato de diferencia de género, sino del sistema educativo" y que la "capacidad intelectual no conoce género". Según su explicación, “las chicas tienen menos confianza en sí mismas” y esa es una de las causas del problema. (Pregunta inevitable: ¿por qué las chicas tienen más confianza en sí mismas al abordar las letras y menos al afrontar las ciencias?)

Por otra parte, el informe de la OCDE señala que los chicos "tienen actitudes más negativas hacia el colegio, repiten más veces curso, hacen menos horas de deberes, dedican más tiempo a los videojuegos y abandonan antes el colegio, muchas veces sin titulación".  Según datos oficiales que se mencionan más abajo, los chicos registran mayores tasas de fracaso escolar e inadaptación que las chicas en todos los tramos de la enseñanza obligatoria. Para algunos, la explicación es obvia: ellas son más listas. Otros no lo ven tan claro: los chicos se adaptarían peor que las chicas a un sistema de enseñanza, en particular de enseñanza infantil y primaria, profundamente feminizado y cuyo porcentaje de profesoras se acerca al 100% en el primero de esos tramos y supera ampliamente el 80% en el segundo.

Para escándalo de feministas, algunos estudios afirman que el mayor fracaso escolar masculino se debe a esa feminización general y uniforme del sistema educativo, e incluso a la enseñanza mixta, que no tiene presentes los distintos ritmos de maduración e intereses académicos de chicos y chicas ni cuenta con una representación suficiente de profesorado masculino. Más abajo ofrecemos las conclusiones de esos estudios, junto con otros en los que se ponen de manifiesto ciertas saludables diferencias que enriquecen nuestras vidas.

Ya casi termino, pero no quiero hacerlo sin repetir algo que, a pesar de su obviedad, parece ajeno a los planteamientos del Ministerio de Educación y de la OCDE: la función del sistema educativo es sacar lo mejor de cada alumno, no crear individuos artificialmente iguales. Mejorar a todas las personas, no redondear las estadísticas. Desarrollar las capacidades individuales, no supeditarlas a los dogmas de género. O lo que es lo mismo, crear una sociedad plural y llena de brechas.

Algunos estudios

Datos de investigaciones relacionadas con la maduración intelectual y el rendimiento académico de chicos y chicas


Estudio aplicado a una muestra de 924 chicas y 1.027 chicos españoles de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años. Los resultados demuestran que el desarrollo de la inteligencia guarda relación con el crecimiento. Las chicas obtienen mejores puntuaciones que los chicos hasta los 14-15 años, coincidiendo con su etapa de mayor desarrollo físico; a partir de los 16 años, su ritmo de crecimiento es más lento que el de los chicos, y su desarrollo intelectual se ralentiza, mientras que el de los chicos sigue durante algún tiempo más. Como resultado, a los 18 años, los chicos presentan, como promedio, una ventaja de 4,3 puntos del CI respecto de las chicas.

Datos del National Child Development Study (NCDS), estudio longitudinal que ha seguido a una población de encuestados británicos desde su nacimiento y durante más de medio siglo. El estudio se inició con todos los niños (n = 17.419) nacidos en Gran Bretaña durante la semana del 3 al 9 de marzo de 1958, que han sido objeto de sucesivas encuestas desde los 7 años (en 1965) hasta la actualidad.

A los 7, 11 y 16 años de edad, los encuestados se sometieron a múltiples pruebas cognitivas. En las pruebas realizadas a los 7 y 11 años de edad, las niñas obtuvieron, como promedio, un coeficiente intelectual más alto que los niños, mientras que a los 16 años, ese promedio fue mayor para los niños en 1,8 puntos. Hay que tener presente que se trata del mismo grupo de niños y niñas en los tres tramos de edad, por lo que ese resultado confirma, según los autores, la hipótesis de que la inteligencia de los niños madura a un ritmo diferente que la de las niñas.

En este estudio se midieron los conocimientos generales de una muestra de estudiantes alemanes integrada por 153 chicas y 149 chicos de bachillerato, de 17,6 años de edad como promedio. La participación de los alumnos fue anónima y voluntaria. Se examinaron sus conocimientos sobre 17 temas de carácter general: música popular, descubrimientos y exploraciones, deportes, política, historia, música clásica, arte, literatura, física y química, geografía, nutrición, medicina, juegos, biología, finanzas, moda y cine.

Los chicos obtuvieron “puntuaciones significativa y sustancialmente más altas que las chicas” en las áreas de deportes, finanzas, juegos, geografía e historia; y aventajaron a las chicas por un margen menor en las áreas de física y química, descubrimientos y exploraciones, biología y política. No hubo diferencias entre chicos y en chicas en las áreas de música popular, música clásica, literatura, cine y moda. Y las chicas obtuvieron puntuaciones ligeramente más altas en las áreas de arte y medicina, aunque su ventaja en esas áreas no fue estadísticamente significativa. La única materia en la que las chicas aventajaron significativamente a los chicos fue la de nutrición.

Resultado global: los chicos obtuvieron puntuaciones significativamente más altas que las chicas en la evaluación sobre conocimientos generales.

Estudio de dos muestras de mellizos o gemelos de los Países Bajos (350 chicos, 387 chicas, edad: 11–13 años; de ellos, 62 pares de distinto sexo) y Bélgica (370 chicos, 391 chicas, edad: 9,5–13 años; de ellos, 108 pares de distinto sexo). Los pares de mellizos o gemelos de distinto sexo tienen especial interés para la observación de las diferencias debidas únicamente al sexo, ya que han compartido el mismo entorno familiar y cultural.

En el caso de los hermanos, tanto en la muestra belga como en la holandesa, los chicos sacaron puntuaciones significativamente más altas en Información que sus hermanas gemelas, mientras que en Codificación se produjo el resultado inverso. Además, los chicos holandeses sacaron puntuaciones más elevadas en Aritmética, Vocabulario y Comprensión.

A nivel general, en ambas muestras, los chicos aventajaron a las chicas en Información y Aritmética, y las chicas sacaron mejor puntuación que los chicos en Codificación. Convertidos los resultados a la escala del test de inteligencia convencional, los chicos holandeses superaron en 3,83 puntos a las chicas, y los chicos belgas superaron en 1,58 puntos a las chicas.

Análisis de una muestra de alumnos de secundaria de Seul (1.380 chicos y 1.279 chicas) residentes en zonas en las que se aplica una política de nivelación de la enseñanza secundaria en virtud de la cual los alumnos se asignan aleatoriamente a escuelas para un solo sexo o mixtas. Los entornos socioeconómicos y la trayectoria académica previa de ambos tipos de alumnado es similar.

La tasa de asistencia a centros universitarios es un 3,1% superior para las chicas y un 5,6% superior para los chicos que han asistido a centros unisexuales en comparación con los alumnos de centros mixtos.

Se aplicaron dos estudios a sendas muestras de universitarios estadounidenses y chinos. En el primero de ellos (40 alumnos de china y 66 de los EE.UU.), los varones de ambas muestras mostraron mayor capacidad para rotar mentalmente figuras tridemensionales. En el segundo estudio participaron 218 universitarios chinos y 237 universitarios estadounidenses a los que, además de la prueba de rotación tridimensional, se aplicó una batería de pruebas de aritmética y un test de inteligencia. Los resultados situaron en el cuartil superior al 75% de los varones estadounidenses y al 72% de los varones chinos; y en el cuartil inferior al 68% de las mujeres estadounidenses y al 72% de las mujeres chinas. La misma tendencia se observó en los deciles más alto (86% y 81% de varones estadounidenses y chinos, respectivamente) y más bajo (63% y 64% de mujeres estadounidenses y chinas, respectivamente).

Estudio basado en el rendimiento de 1,6 millones de alumnos de 7º grado pertenecientes al 5% de alumnos con mejores notas de su nivel. Los datos abarcan un período de 30 años (1981-2010) y se basan en múltiples medidas de capacidad para las matemáticas, la expresión verbal, la escritura y el razonamiento científico. Las diferencias entre chicos y chicas en lo que respecta al razonamiento matemático son sustancialmente menores que hace 30 años, pero se ha mantenido estables durante los últimos 20 años a favor de los chicos. Asimismo, durante los dos últimos decenios, los chicos mostraron una ventaja estable o ligeramente creciente en razonamiento científico. Sin embargo, las chicas obtuvieron mejores puntuaciones en las pruebas de razonamiento verbal o capacidad para la escritura.