Relativismos

Crítica de la emoción pura

Una de las guerras más viejas del mundo es la guerra entre el corazón y la cabeza. A veces, el corazón dice: de buena gana lo dejaría todo y no volvería a trabajar. Pero la cabeza corrige: si dejo de trabajar, no tendré con qué vivir. En general, el individuo particular sabe administrarse a sí mismo, y las guerras entre el corazón y la cabeza suelen resolverse con la victoria de la segunda. En cambio, el ente colectivo suele extraviarse más fácilmente por los derroteros del corazón.
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Tanto Darwin para nada

La mayoría de los mamíferos tienen sangre caliente, pelo, dientes, cuatro extremidades y columna vertebral. La evolución los hizo así y, en general, estamos de acuerdo con ese resultado. Naturalmente, podríamos tener preferencia por otro tipo de mamíferos. Por ejemplo, con más extremidades o con capacidad para volar. Gatos con ocho patas, como las arañas. O con dos patas y dos alas, como los pájaros. Cerditos voladores, unicornios, cancerberos... Podríamos decir: la naturaleza se equivocó con los mamíferos, otro tipo de mamíferos es posible. Y abrir una apasionante línea de debate científico y político.
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Reflexiones de un ateo sobre la cristianofobia

"Cosette y Marius cayeron de rodillas, inundando de lágrimas las manos de Jean Valjean; manos augustas, pero que ya no se movían... Estaba muerto. Era una noche profundamente oscura; no había una estrella en el cielo. Sin duda, en la sombra, un ángel inmenso, de pie y con las alas desplegadas, esperaba su alma."
Con estas palabras se cierra el relato de Los Miserables, de Victor Hugo. Un monumento literario construido, de la base a la cima, con las más intensas preocupaciones sociales. Una mirada de infinita piedad hacia el destino de los desfavorecidos. Y una verdadera catedral de pensamientos profundamente cristianos, donde el proscrito Jean Valjean, con tantos motivos para dejarse arrastrar hacia el rencor y el odio, elige el camino cristiano de la abnegación absoluta y opta por hacer el bien sin mirar a quién, incluso a sus enemigos más encarnizados.
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El arte y la ocurrencia

La imaginación es un don bastante raro, una veta aurífera. En cambio, las ocurrencias son algo muy frecuente, casi inevitable, como las piedras en los caminos. El arte, que nuestros románticos abuelos hacían con imaginación, suele hacerse ahora con ocurrencias. No siempre, pero casi. Y siendo todos ocurrentes, dirá el lector, ¿cómo es que no somos todos artistas y famosos? Pues porque el artista famoso moderno o posmoderno, además de ocurrencias, ha de tener una fe ciega en su propio talento y en el valor excepcional de sus ocurrencias. Triunfa, más que por artista, por ególatra. Y a veces también por su capacidad de persuasión o su olfato comercial.
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